Durante la primera infancia, el cerebro crece a una velocidad que no volverá a tener. Antes de los 5 o 6 años alcanza cerca del 90% de su tamaño adulto. Y en ese proceso, de acuerdo con Verónica Copka, experta en nutrición infantil de Nestlé Nutrición en México, la alimentación es clave.
No se trata solo de “que coma”, sino de “qué está comiendo”; qué está recibiendo su cuerpo mientras crece.
Nutrientes como el hierro, el zinc, la colina, las vitaminas del complejo B y los lípidos esenciales participan en algo clave: la mielinización. Este proceso permite que las neuronas se comuniquen de forma rápida y eficiente, impactando directamente en su memoria, aprendizaje, atención e incluso en cómo regula sus emociones.
Al mismo tiempo, su cuerpo también está en obra: músculos, huesos, sistema inmune. La proteína en cantidades adecuadas, el calcio y la vitamina D ayudan a construir una base física fuerte, mientras que vitaminas, minerales y probióticos fortalecen sus defensas en una etapa donde todo es nuevo, incluso los virus.
Pautas para una correcta nutrición en la primera infancia
1. Los niños no son adultos chiquitos.
Tienen un estómago mucho más pequeño, pero necesidades nutricionales mucho más altas. De hecho, pueden requerir hasta seis veces más vitaminas y minerales por kilogramo de peso que un adulto. Por eso, cuando su alimentación no cubre estos requerimientos —ya sea por carencias o por decisiones que parecen inofensivas— pueden aparecer afectaciones en su desarrollo cognitivo, motor e inmunológico.
2. Errores que se cometen desde el amor.
Como pensar que al cumplir un año ya pueden tomar leche de vaca y que eso es suficiente. O creer que “más proteína” significa “más crecimiento”, cuando en realidad puede generar una sobrecarga innecesaria para su cuerpo. O incluso integrarlos por completo a la dieta familiar sin considerar que sus necesidades siguen siendo muy específicas.
3. No es culpa. Es falta de información.
También está la etapa en la que parecen no querer comer nada. Esa selectividad que desespera, que nos hace negociar, insistir o preocuparnos de más. Pero en muchos casos, es completamente normal. Es parte de su desarrollo, de su búsqueda de autonomía.
4. El reto no es obligar, es acompañar.
Cambiar la idea de “que coma todo” por “que aprenda a escuchar su cuerpo”. Entender que alimentar no es llenar el plato, sino formar una relación sana con la comida. Respetar su hambre y su saciedad también es nutrir.
Y sí, habrá días en los que sientas que no fue suficiente. Días en los que dudas si lo estás haciendo bien.
5. Respira.
La nutrición en esta etapa no se trata de perfección, sino de constancia, equilibrio y decisiones informadas. De ofrecer opciones adecuadas, de confiar en el proceso y de apoyarte cuando lo necesites.
Criar también es aceptar que no tienes que hacerlo sola
Hoy existen alternativas de nutrición especializada diseñadas para esta etapa, que pueden ayudar a complementar la alimentación cuando hay brechas. Opciones como NIDO® Kinder® 1+ están formuladas considerando estas necesidades específicas: proteína adecuada para su edad, vitaminas y minerales esenciales, probióticos y 0% azúcares añadidos.
Al final, más que buscar hacerlo perfecto, se trata de algo mucho más humano: estar presentes, informadas y disponibles.